
En ocasiones, no somos conscientes de lo mucho que nos cambia la maternidad a las mujeres. Que oye, la paternidad también tiene sus cosas, lo veo cada día en mi prometido. Pero hoy vengo a hablarte de la maternidad, que es lo que he empezado a experimentar de primera mano desde hace relativamente poco.
El embarazo para mí fue lo más fácil, el parto duro y complicado, sí, pero valió totalmente la pena. Sin embargo, la maternidad me transformó por completo. Desde que pusieron a mi hijo en mis brazos, siento que hubo un cierre de capítulo, y un nuevo comienzo. Como si volviese a nacer, a la vez que él observaba por primera vez este mundo.
Yo ya había escuchado mil historias, muchas experiencias de otras mujeres, contando cómo de transformador es aquel único momento. Pero no fue hasta que lo viví, que empecé a comprenderlo de verdad.
Todos mis miedos, todos mis traumas, comenzaron a inundar mis pensamientos de nuevo. Pero todos, casi que a la vez. Miles de llantos, insomnio, depresión, ansiedad y bastante estrés, entre muchas otras cosas, me sucedieron sin yo esperarlo. Llorar a escondidas se volvió mi nuevo pasatiempo. La lactancia materna exclusiva, que más tarde se volvió mixta, y luego exclusivamente artificial, por orden de los médicos. Y un ingreso de varios días en el hospital. Pero eso ya es otra historia que algún día espero poder contarte.
Aún así, seguí luchando, seguí de pie. Seguí, porque sé que mi hijo me necesita. Ahora mismo, cuando estoy escribiendo esta entrada, él tan solo tiene dos meses, pero ya lo es todo para mí. Mi mayor motor, mi niño soñado, mi cielo, y también mi sol. Absolutamente todo.
Nunca pensé poder amar a alguien de ese modo tan incondicional. Cuando vi por primera vez esos ojitos, sentí un amor tan grande dentro de mi ser, una felicidad inexplicable. Ahí estaba él, después de prácticamente 40 semanas viviendo dentro de mí. Un momento que esperé durante años. Hacía tiempo rezaba por tenerlo, no fue nada fácil, pero, sin embargo, ahí estaba.
Y aquí está, mi dulce niño. Alegrando mi vida cada día que pasa. Dándole sentido a mi existencia, cambiando todo mi ser. Nunca pensé que una persona pudiera transformarse de forma tan inminente. Hasta que lo viví en mi propia piel. Le doy las gracias a Dios cada día por este regalo tan grande. Tal vez no sea la madre perfecta, y tampoco pretendo serlo, pero intento ser la mejor madre para él. Porque él siempre ha sido, es y será mi niño soñado.
